Seguro que has escuchado que se han encontrado vasijas de miel intactas en sarcófagos egipcios… y es que la miel no deja de sorprendernos porque, ¿Cómo es posible que continúe inalterada después de siglos? Pues bien, hoy te vamos a contar en qué se basa su no caducidad.
En primer lugar, diremos que se debe a varios factores:
- La miel es higroscópica, es decir, que apenas tiene agua. Se debe a que las abejas se encargan de deshidratar el néctar líquido recolectado en un 80-90% haciendo que sea un manjar espeso que tiene poco más del 18% de humedad. Sin agua, las bacterias no pueden aparecer ni reproducirse. Una miel sellada por las abejas en el panal o en un bote debidamente cerrado, está a salvo de microorganismos.
- La miel es extremadamente ácida. Si tomamos como base un pH neutro, que es 7, la miel tiene un pH de entre 3 y 4,5. Esto hace que no sea muy apetecible para bacterias.
- Además, cuando las abejas regurgitan el néctar de las flores en el panal, se mezcla con enzimas que poseen. Esto genera una reacción química que produce una barrera antibacteriana, dando a la miel unas propiedades antisépticas, que hacen que se conserve de manera natural.

¿Podemos concluir diciendo que la miel no caduca? Efectivamente, al tomar miel no debemos preocuparnos por si estará en buen estado o no porque la respuesta será siempre sí. Ahora bien, en España, por normativa, se debe poner una fecha de consumo preferente. Transcurrida la misma, puede haber un deterioro en el aroma, en color o en la apariencia pero no implica un riesgo sanitario.
Es importante destacar que la miel va a ir cambiando en su aspecto y textura hasta su cristalización pero eso no implica deterioro ni pérdida de propiedades nutritivas. La cristalización es un proceso totalmente natural.
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